La cocina de la ciencia ficción

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Es poco lo que este mes tengo para comentar. Poco pero, espero, contundente. En breves líneas pienso hablar sobre ideología política, idiosincrasia, tertulias literarias, el género como subliteratura y esa mala costumbre de agotar tus energías remando eternamente contra la corriente.

En este espacio iba a haber una optimista reseña sobre el IV Encuentro Internacional de Narrativa de Ciencia Ficción, Fantasía y Serie Negra, evento que se dio en Ecuador entre el 23 y el 25 de noviembre de 2013 en el marco de la FIL Quito. El nombre es rimbombante, y más gracias a ese hermoso número cuatro que tiene enfrente. Es un encuentro que lleva cuatro años seguidos ocurriendo en Ecuador de la mano del infatigable escritor Fernando Naranjo. Las primeras tres veces se dio en Guayaquil, ciudad de donde es oriundo Fernando, aunque este año se trasladó a Quito por razones políticas. Ah, sí, ya entramos en política. Porque la FIL Guayaquil del 2013 fue perturbada por algo relacionado con un escritor que no fue invitado por causa de su ideología política, o al menos es eso lo que en su momento reseñaron los medios de comunicación. Esta situación causó un cisma entre los intelectuales de la ciudad y hubo una “FIL” alternativa simultánea con la oficial. Este año se dijo que la FIL Guayaquil sería eliminada y, aunque finalmente se hizo un evento menor llamado de la misma forma, no hubo espacio para todo lo que se hubiera querido, incluyendo el Encuentro. Por eso se mudó a Quito.

Mientras esto se preparaba contra reloj, en Venezuela las cosas se complicaban. Un resumen relámpago de política venezolana: por mantener una ideología política llevamos quince año dándole poder de decisión a quien apoya dicha ideología a ciegas, sin importar si tiene las credenciales apropiadas para ello; por esto y otras cosas que no vienen al caso, pero que tiene que ver con la desesperación de un sector político por conservar el poder, nuestra economía es un desastre, lo cual ha llevado al gobierno a prohibir la compra y tenencia de divisas extranjeras (llámense dólares) desde hace más de una década; gracias a esto, ha florecido una mafia de “raspacupos”, personas que cada año compran un pasaje de avión para que les aprueben una cierta cantidad de dólares para consumos en el exterior: personas que jamás en su vida se habían interesado en viajar y ahora lo hacen todos los años. Pues hay “raspacupos” de dos tipos: los que viajan de verdad y se gastan el cupo en cosas para luego revender en Venezuela, y los que compran el pasaje, entregan su tarjeta de crédito aprobada por el gobierno a un tercero que les paga esos dólares en bolívares a precio de mercado negro, y luego devuelven el pasaje a la aerolínea. En estos últimos dos años se ha recrudecido la última modalidad, por lo que los pasajes han quintuplicado sus precios gracias a una deserción de casi el 50% de los pasajeros, y además los pasajes están agotados hasta casi un año de la fecha en que uno desea adquirirlos. Por esto, viveza criolla combinada por mala gestión gubernamental basada en una ideología mal entendida, no pude viajar a Quito.(*) Por esto hoy no tenemos una reseña del evento.

A falta de reseña , voy a hablar de otras cosas que se vienen gestando (“cocinando”) en estos encuentros de narradores de literatura fantástica. En estos cuatro años se ha ido perfilando un grupo de escritores/artistas/editores que incluye, aunque no se limita a Yoss (Cuba), Marcelo Novoa (Chile), Laura Ponce (Argentina), Fernando Naranjo (Ecuador), Raúl Aguiar (Cuba) JD Santibáñez (Ecuador), Denise Nader (Ecuador) y una servidora (Venezuela). Grupo que amenaza con crecer, incorporando también gente de Colombia y Bolivia. Hace unos meses hablé de las tertulias de ciencia ficción en latinoamérica, y mencionaba lo importante de su efecto aglutinador. Que la Internet es maravillosa para ponernos en contacto sin respetar fronteras, pero que los encuentros en persona sirven como catalizadores para proyectos de diversa índole. Y lo que ocurre en las reuniones nacionales mensuales, empieza a ocurrir en las reuniones regionales anuales.
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Este “grupo” aún sin nombre ni etiqueta se dispone a patrocinar un concurso literario de literatura fantástica en Ecuador, para darle impulso al género que tan huérfano sigue viéndose al lado de la literatura mainstream. Este concurso, Equinoccios 2014, será lanzado en breve a los medios digitales. Pronto empezaremos a trabajar en un concurso hermano en Venezuela, tentativamente llamado Solsticios 2014. Porque la tristeza sociopolítica está acabando con la literatura, al menos con la de género, y algunos no deseamos rendirnos ante esta amenaza. Y hablando de amenazas, estos encuentros internacionales deben continuar, pero necesitamos desprendernos del apoyo (que raya más en la falta de apoyo) estatal. Así que más pronto o más tarde asistiremos al nacimiento de una primera Convención Latinoamericana de Literatura Fantástica, que ojalá sea sólo una de muchas.

Y es que los que soñamos cada día con mundos fantásticos no podemos resig narnos a dejarnos vencer por el mundo real. Porque para cambiar la realidad lo primero que hay que aprender es a soñar.

(*) Nota al margen: Yo fui la más perjudicada, pero Laura Ponce de Argentina no llegó a tiempo para que su gobierno le aprobara el cupo de dólares y Yoss y Raúl Aguiar de Cuba por poco no llegaban a tramitar su impuesto de salida en moneda local.

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3 thoughts on "La cocina de la ciencia ficción"

  1. Muy buena iniciativa, cuenten conmigo para lo que necesiten, que falta Perú allí. 🙂

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