Confesiones de Carlos M. Federici

Ver aquí la versión en inglés (English translation)

Por Carmen Rosa Signes Urrea (España)

Traducido por Ana Beard (Reino Unido)

Gracias, Carlos, por acceder a ser entrevistado para nuestra revista. Un placer contar con tus palabras y así poder contribuir a que se conozca mucho más todo aquello relacionado con tu excelente trabajo.

Revista digital miNatura: ¿Quién es Carlos M. Federici?

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El Cuento Revista de imaginación

Carlos M. Federici: Me dicen que soy un integrante de la especie humana, más específicamente oriundo de Montevideo, Uruguay. Sin embargo, habida cuenta de mis extravagantes criterios (no me gustan ni el mate, ni el fútbol, ni el asado, ni la Coca Cola…; aborrezco la playa, los bailes y —¡Ughh!— los Beatles; contrariamente al escritor promedio, no consumo alcohol, tabaco ni sustancias, ni siquiera en sus versiones sublimadas de Martini, pipa o marihuana —esta última recientemente legitimada por nuestro actual presidente—; detesto el cine actual…), existiría sólido fundamento para la teoría de un posible origen extraterrestre, que habría huido de mi memoria durante el proceso de terra-adaptación… ¡Quién sabe!… (¡Escribo cada cosas!…) Ahora, en lo que concierne puntualmente a mi profesión (si es que por ahí venia la pregunta), me siento más cómodo bajo el rótulo de “narrador” que el de “escritor”, ya que este último tiene una connotación solemne que no cuadra con las características de mi trabajo… En el filme “Moulin Rouge”, de John Huston, el pintor Toulouse-Lautrec dice a su madre: “En Arlès conocí a un pintor que hace maravillas con los colores de la naturaleza. Yo soy otra cosa: un pintor de la noche, un pintor de las calles…” Por mi parte, asumo que soy un autor de “pulp fiction”; me inclino por el ambiente exótico, el recurso artificioso, la adjetivación profusa. Y solo tengo en mente entretener. A veces uso dibujos para narrar.

Revista digital miNatura: ¿Cuándo comienza a escribir? Y, ¿por qué?

Carlos M. Federici: A principios de la década del 60… En realidad, mi primera aspiración fue convertirme en historietista, ya que desde que aprendí a leer me convertí en un voraz consumidor de ese género de narrativa; pero un día, escuchando un programa radial, “La Tribuna Radial Universitaria”, que invitaba a sus oyentes a enviar cuentos, me dije (esto lo tengo siempre presente en mi memoria, a pesar de que de hecho esta acusa varios “baches”): “¡Yo sé hacer eso!” (Porque siempre tuve las mejores notas en las composiciones escolares y leía que era un contento, una “ensalada” de todo lo que me caía en las manos, desde “Selecciones del Reader’s Digest” hasta los libros de mi querida colección “Robin Hood”, de tapas amarillas y gratísimo recuerdo). Y cuando leyeron al aire mi cuentito…, ¡qué emoción! Eso me animó a presentar el relato a la revista “Mundo Uruguayo”, hoy extinta, pero por entonces muy popular en mi país. Como sería una (desdichada) constante en mi trayectoria, el cuento se publicó, pero no sin su cuota de zozobra previa, ya que me enteré del evento por pura casualidad, porque nadie se dignó avisarme que me lo habían aceptado. Hojeando una revista de esas, lo vi… Y el resto es… histor(iet)a, podría decir, no sin algún resabio de cordial amargura. El futuro me reservaría un profuso anecdotario de análogo jaez. Nada fue “fácil”. ¿Por qué comencé? Tal vez para evadirme de una realidad que no me conformaba.

Revista digital miNatura: ¿Cómo influye su carrera como periodista en el desarrollo de su afición literaria?

Carlos M. Federici: No existe, en puridad, carrera periodística. Hice alguna incursión casual en el periodismo porque comprobé (ya desde la época de “Mundo Uruguayo”) que las notas tenían más rápida aceptación que el material de ficción. Pero siempre ha sido este mi principal objetivo. De todos modos, me las ingenié para mezclar la utilidad con el placer: únicamente hacía entrevistas a “bellezas”, como modelos o “Misses”. La crónica roja se la dejaba a otros… Una “rareza”: cierta vez me pidieron algo realmente sensacional,  impactante, que sorprendiese a los lectores. Y ¿qué se me ocurrió? ¡Nada menos que las “confesiones” (apócrifas, claro) de una uruguaya, hija de diplomático, que había sido el primer amor de John Lennon cuando este era aún un desconocido!… Tuve que hacer un research…, ¡yo, que no lo podía ver, al tal! Pero salió bastante convincente, al punto que se extendió a cuatro números de la revista. Firmaba, por supuesto, con seudónimo: “Reynaldo Soler, periodista argentino”… Como se ve, era mi afición literaria la que incidía en mis trabajos de periodismo, y no a la inversa.

Revista digital miNatura: En sus comienzos como escritor, ¿qué obras o qué autores consiguen en usted mayor inspiración y qué géneros se convierten en sus preferidos?

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Aventurama (julio #13, 2009)

Carlos M. Federici: Como me inicié con la mencionada colección “Robin Hood” (y eso fue por haberle pedido a mi padre que me comprase el libro “Colmillo Blanco”, de Jack London, cuya adaptación en historieta había leído previamente en la popular revista argentina “Patoruzito”, despertándoseme la curiosidad por conocer la obra original), tuve la buena fortuna de tropezar con grandes escritores clásicos, como el citado London, Charles Dickens (que muy pronto se convirtió en mi preferido) y Mark Twain, entre otros. Más adelante, ya jovencito, me “engancharon” las novelas y cuentos policiales, y enseguida —creo que fue a los 15 años— la ciencia ficción. Recuerdo que vi un número de la legendaria “Más Allá” en una librería y la compré pensando que sería algo así como las historietas de “Flash Gordon”, sin los dibujos. Pero… me topé con la magnífica novela “El clamor del silencio”, de Wilson Tucker (autor que creo injusta-mente olvidado en estos días), y todo un espectro de deslumbramientos se me abrió. Siguieron los cuentos de Bradbury, de Asimov, de Clifford Simak… Sucumbí, durante varios años, a una verdadera ansiedad por leer todo lo posible de ese género, que me parecía como “lo más alto” (sic), y dejé por un tiempo de lado las historietas (que de hecho estaban en decadencia, gracias al “Comic Code” y la TV) y también, un poco, lo policíaco. Y, claro, como todo fanático, aspiré también a convertirme eventualmente en autor. Pero eso no me iba a ser tan fácil como aumentar mis colecciones.

Revista digital miNatura: Usted es uruguayo, ¿cree que la nacionalidad  influye positiva o negativamente en el desarrollo como autor?

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The Penguin World Omnibus of Science Fiction (ed. by Brian Aldiss & Sam J. Lundwall)

Carlos M. Federici: En mi caso, podría darse una combinación de ambas… Por un lado, al no existir en Uruguay tradición alguna de autores de “género” (o “subgénero”, como me hizo notar un escritor compatriota, académicamente correcto en el decir, pero no sin su puntita de desdén), literalmente “se miraba mal” a quien se apartase, para escribir, de la vertiente folclórica, a la manera de Morosoli, o del realismo urbano de Onetti o Benedetti. Eso “no se podía hacer” en Uruguay; era la opinión unánime. Mi innato espíritu de contradicción (que perdura hasta este día, reflejado en mi rechazo de modas, tendencias o banderías) me llevó a desafiar esa suerte de regla. Y probé que sí se podía…, aunque no redituara. Claro que como el dinero no se ubicó jamás a la cabeza de mi lista de prioridades, eso no me molestó. Hasta aquí puede parecer, entonces, que la nacionalidad influyó negativamente en mi desarrollo profesional. Sin  embargo, por otro lado, al no existir competencia apreciable, pude labrarme un cierto prestigio, al punto que alguien me dijo una vez que yo era “mitológico”, porque con-migo habían empezado el cómic, el policial y la ciencia ficción vernáculos… No lo tomé en serio, desde luego, y (como decía Somerset Maugham, otro de mis autores admirados) “no se me subió a la cabeza”… Incidentalmente, me cupo un raro privilegio: mis primeros escritos, los tentativos, fueron avalados nada menos que por Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti y Carlos Martínez Moreno, los tres más prominentes escritores uruguayos de los años 60 y 70, a quienes tuve la suerte de conocer de forma casual. Por supuesto que eso no garantiza en modo alguno la calidad de mi producción; pero lo menciono como anécdota.

Revista digital miNatura: ¿Cómo llega por vez primera a publicar? Limitaciones, éxitos y desencantos de un autor novel.

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Dos caras para un crimen (Editorial Universo)

Carlos M. Federici: Ya conté lo de “Mundo Uruguayo”. Estuve algunos años con solo esa actividad. En los 70s me decidí a lanzarme fuera de fronteras, y así coloqué relatos en las más conocidas revistas argentinas de entonces: “Para Ti” y “Chabela”.  Estas requerían material “romántico”, acorde a su audiencia preponderantemente femenina. No era mi cuerda favorita, pero como por esos tiempos me sentía rebosante de ideas y muy capaz de ser versátil, sin vacilar ensayé unas cuantas historias amorosas, aunque… siempre con algún sesgo de suspenso, intriga o por lo menos ironía, y por supuesto, sus finales sorpresivos de rigueur. El camino, sintetizado aquí en pocas líneas, no fue tan fácil como aparenta… Eran los tiempos heroicos de la máquina de escribir, los borradores, las copias al carbónico… y la lentísima e insegura vía postal para la comunicación. ¡Ay, aquellas semanas…, meses…, años…, esperando la respuesta de lejanos editores! ¡Y el cartero, que no llegaba! (Para el Guinness: mi novela Dos caras para un crimen, editada en México luego de no haber tenido suerte en la editorial “Acme”, de Buenos Aires, que en 1972 me había publicado el primer libr[it]o, La orilla roja, me royó ¡seis años de mi vida!, tras haber sido aceptada por el sello azteca “Diana”, hasta que por fin tuve el libro en mis manos… Se les “había extraviado” el original, ¡y yo no disponía de otra copia!… ¡Ay, si hubiese existido la informática!… Tuve que saltar el “charco” e ir a Buenos Aires, a la editorial “Acme”, donde el editor simplemente la sacó del cajón en que evidentemente había estado reposando un par de años —¡menos mal que no fue a la papelera!— y me la entregó, para que pudiera enviarla a México… Y a esperar al cartero… Esperar… Esperar…)

Revista digital miNatura: Su obra, en todas sus vertientes, es bien conocida y admirada. ¿Qué lector es más exigente a la hora de valorar su trabajo, el hispano hablante o el foráneo?

Carlos M. Federici: Lo de “conocida y admirada” son conceptos por demás relativos… Si van a “Google” verán que en relación a mi nombre, menudean los adjetivos de la índole de “raro”, “extraño”, “outsider”, y similares. Alguno que otro, tal vez a guisa de consuelo, agrega lo de “de cult”…, pero es una mínima fracción del total. No sé cómo será en otros casos, pero en lo que a mí respecta, obtuve muchísima mayor receptividad de parte de los foráneos. Un belga, Bernard Goorden (con quien por desgracia he perdido contacto desde hace varios años, aunque tengo muchísimo que agradecerle), se abocó a la tarea de difundir mis cuentos con su mayor esfuerzo y sus precarios medios, y los hizo circular, mal que bien, en el mercado francófono; luego pasaron a Suecia, donde mi  buen amigo Sam Lundwall ubicó mis relatos de CF en su revista “Jules Verne” mientras dispuso de traductor de español. Después de eso… Ya comenté, más arriba, lo de las fatídicas constantes en mi trayectoria. Lo mío no suele durar mucho en el tiempo. Y ni que decir que, igual que el Nazareno, nunca fui profeta en mi tierra.

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Goddeu-$ – Los ejecutivos de Dios (Ed. Yoea)

Revista digital miNatura: ¿Cree que, en la actualidad, la posibilidad de publicar es más sencilla o por el contrario se complica? Influencia de las nuevas tecnologías en el panorama actual.

Carlos M. Federici: No me atrevo a emitir una respuesta categórica. Se ha perdido mucho al desaparecer las revistas de ficción (ahora solo circulan las de “chimentos”, perdonando la expresión), que abrían interesantes posibilidades a los principiantes afanosos… No creo que aún esté abonado el terreno para la edición digital en gran escala. Internet (ya que estamos, ¿me creerían que “inventé” la palabreja, sin poder adivinar en qué iba a devenir, dentro de una novela que escribí a principios de los 70s?…) es tan apabullante en su vastedad que uno se pierde en ella… ¿Cómo se llega a una determinada publicación, si no es por casualidad, o porque alguien nos la menciona? Lo dejo aquí.

Revista digital miNatura: Vivimos en una aldea global en la que aparentemente existe una libertad total a la hora de expresarse. ¿Ha tropezado alguna vez con la censura?

Carlos M. Federici: Otra de mis anécdotas… Me “censuraron”, si cabe el término, tres veces, que yo recuerde, espaciadas en el tiempo. Cuando envié mi relato Accidente de ruta (que ahora publica “Planetas Prohibidos”) a la revista española “Nueva Dimensión” (que me abriera sus páginas en 1968 para mi debut en la narrativa de CF internacional con Primera necesidad), me fue rechazado, siendo una de las razones el “peligroso” final… Ahí citaba, o parafraseaba, unas líneas del tercer capítulo del Génesis. Esto es comprensible, si se tiene  en cuenta que por entonces estaba en vigor el franquismo en España. Lo que no me resulta tan lógico es el segundo “rebote” del mismo cuento, 45 años después, o cosa así, por parte de una editora argentina (que ya había tenido la gentileza de aceptarme un par de textos), ahora en razón de que el susodicho final le despertaba escrúpulos y “descalificaba” al relato para su publicación, porque, según su entender, al estar basado en una lectura bíblica, era susceptible de “provocar pensamientos misóginos”. Se trata, en síntesis, de una interpretación de ese capítulo de la Biblia en clave de CF; si hay misoginia, proviene del texto original (yo no la invento), o, yendo un poco más lejos, de la misma religión judeocristiana, que concibió una deidad masculina y no femenina… Y, por otra parte, si tanto se proclama, como se dice, la libertad de expresión… ¿eso rige únicamente cuando esa “libertad” coincide con los criterios del que la pregona? Dejémoslo aquí. Otra censura la sufrí con mi historieta “Jet” Gálvez, ciencia ficción destinada a un público juvenil. En uno de los cuadros yo ponía a un bandido sideral que, en medio de un pillaje, sostenía en alto a una bella joven, clamando: “¡Cambio mi parte del botín por esta monada!” Fue el acabose… ¡casi me linchan! Y me taparon la leyenda con un plastrón negro. Eso sí me molestó: ¡podían haberlo hecho con un poco más de delicadeza! Ah, sí… ¡no tenían “tecnología”!…

Revista digital miNatura: De sobra es conocida la influencia que ha tenido la revista El Cuento  en el desarrollo de la literatura hispana y la difusión que llego a tener, catapultando a los autores que colaboraban en ella a las más altas cimas. Háblenos de lo que significó para usted formar parte de esa legendaria revista.

Carlos M. Federici: Siempre guardaré un grato recuerdo de “El Cuento”. Sin embargo, también subsistirá mi decepción por no haber conseguido jamás (pese a los elogios tributados a algunos de mis “cortos”) graduarme a la categoría “Cuento-cuento”, de los que había muchos en la revista, escritos por autores de diversas nacionalidades.

Revista digital miNatura: ¿Cómo llega al mundo del cómic?

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Dos caras para un crimen

Carlos M. Federici: Siempre estuve allí; aunque prefiero la denominación tradicional de historieta. Resulta paradójico pensar, entre paréntesis, que se haya impuesto el rótulo de “cómic” (típicamente norteamericano) justamente a partir de los años 60, en que en todo el mundo se pugnaba por deshacerse de la influencia yanqui y conseguir estilos vernáculos independientes… En la práctica, comencé en 1968, con la tira diaria Barry Coal (creo, sin jactancias que no vienen al caso, la primera tira con “aliento internacional” que se intentaba en el páramo editorial uruguayo de esos años), introduciendo al que tal vez haya sido el primer personaje detective de ascendencia afro en la historieta mundial (Dateline: Danger, que se considera la primera historieta “integrada” fue lanzada en los EE. UU. un mes después de iniciarse aquí la mía), personaje que, por lo demás (como me hizo notar un periodista años más tarde), tenía dos ayudantes caucásicos, detalle que lo haría único, aunque en diarios de Harlem hubiese aparecido antes algún personaje de similares características. Aclaro que no creé el personaje con intenciones reivindicativas (la raza afrodescendiente ya probó con creces que no necesita de historietas para reivindicarse), sino por simple búsqueda de originalidad… Aficionado como soy al género policial, tenía la colección de la revista Ellery Queen, editada en Chile, y en ella aparecía toda suerte concebible de detective o investigador (ingleses, americanos, europeos, persa, mujeres detectives, detectives ciegos, etc., etc.) ¡Pero la raza negra brillaba por su ausencia! Así se me ocurrió crear a “Barry Coal”, un detective del FBI muy especial, flaquísimo, chistoso, muy alto y muy extravagante, fanático del jazz (nada de rock, que todavía, por suerte, no estaba en auge cuando concebí la historieta, allá por los 50s) y habilísimo razonador. Lo malo del caso (¿qué dije de mis “constantes”?) es que su periplo fue tan breve como la cloquera de una gallina… ¡apenas 21 días! ¿Por mi culpa? ¡Noo! El periódico que albergaba la historieta fue clausurado por razones políticas… (No me rendí: años más tarde novelicé la historia y se convirtió en el libro del que hablé más arriba, Dos caras para un crimen… Tuve una satisfacción, hace algún tiempo, cuando, en medio de un programa televisivo en el que participamos varios dibujantes de historietas, la única llamada que hubo para recordar un personaje, se refirió a Barry Coal… ¡Tantos años después de extinto! ¿Y si hubiera durado un lustro, al menos?…)

Revista digital miNatura: Si tuviera que recomendar una de sus obras a un habitante de otros mundos acabado de aterrizar en nuestro planeta ¿cuál sería? Y ¿por qué?

Carlos M. Federici: Eso sería después de “llevarlo hasta mi líder”, que suele ser la inquietud clásica de los visitantes alienígenas… Pero, no sé; en general los he tratado bien, no soy “Alienista” (digo, por la “asquerosa” serie de “Alien”); no los ofendería ninguno de mis cuentos.

Revista digital miNatura: ¿Y de otro autor?

Carlos M. Federici: ¡El inmenso Ray, sin lugar a dudas! (¿Les conté que una dedicatoria suya en la portada de “El vino del estío”, que conseguí por “interpósita persona”, es uno de mis orgullos?)

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La orilla roja (promoción)

Revista digital miNatura: ¿En qué está trabajando ahora?

Carlos M. Federici: Más  que producir, transito una etapa de recopilación y revisión de mis textos, procurando sacar del cajón (literal o virtual) a los que no han visto la luz y buscando la oportunidad de hacer circular un poco más a los que no han tenido, a mi entender, la debida difusión.

Revista digital miNatura: Como autor del género fantástico ¿cree que este se está desarrollando en español a igual nivel que el que se realiza en el resto de lenguas? ¿Cómo ve a los autores noveles y contemporáneos del género?

Carlos M. Federici: No me creo debidamente calificado para emitir una opinión terminante, pero podría asegurar que la hiperglobalización resultante de las nuevas tecnologías ha propiciado un estimable y notorio progreso en las capacidades de nuestros autores, que tienen hoy acceso a un sinfín de informaciones vedadas en otros tiempos, o al menos muy difíciles de localizar. No apruebo, sin embargo —y por descontado que es más que probable que me equivoque en mi apreciación— el sesgo decadente que transpira la mayoría de los relatos contemporáneos. La CF clásica, al menos a mi juicio, era mucho más estimulante.

Revista digital miNatura: Creador de universos policiacos, terroríficos y de ciencia ficción, ¿con cuál de estos tres géneros se siente más cómodo?

Carlos M. Federici: Me las entiendo bien con todos. Es curioso, sin embargo (yo mismo me doy cuenta), que habiendo sido el terror mi género más estimado desde el comienzo, no me haya atrevido más que en contadas ocasiones a cultivarlo como autor, posiblemente por no dar con un tema verdaderamente original a mi criterio… Mi novela Umbral de las tinieblas es, quizás, lo de mayor entidad que encaré, y allí adopté el recurso de amalgamar diversos tópicos clásicos del género dentro de una misma trama, en una suerte de popurrí que debía suplir a la falta de vuelo imaginativo.

Revista digital miNatura: El microcuento actualmente, después de un largo periodo de hibernación, ha resurgido y se está convirtiendo en todo un fenómeno al que se suman todo tipo de escritores, ¿qué cree que puede surgir de todo esto?

Carlos M. Federici: Sin duda constituye una modalidad que se adapta perfectamente al ritmo acelerado de los tiempos que corren. Gracián  está de parabienes.

Revista digital miNatura: ¿Qué recomendaría a las nuevas generaciones de creadores literarios?

Carlos M. Federici: Menos pesimismo. Menos regodeo en la fealdad y la sordidez. Más respeto por el lector. Y más sutileza. Pero ya sé que predico en el desierto… Y, ¿quién sabe? Tal vez estén acertados haciendo lo que hacen para un público que parece deleitarse con ello. No obstante —y esto es estrictamente confidencial—, algunas veces, en esta época en la que, como nunca antes en el siglo, impera  tal crasa confusión entre ficción y realidad, al punto en que muchos no distinguen cuál es cual —dibujos animados que semejan  seres reales; actores a los que se hace parecer dibujos; violencia, sexualidad y truculencias varias, provenientes de series, películas y noticieros, mezcladas todas en una misma pantalla, con el mismo color y con los mismos rostros ordinarios— me entran ganas, a veces (y disculpen, por favor, a este setentón recalcitrante), de clamar a los cielos: “¡Por favor, Señor, que desistan de una buena vez de contaminar a mi querida ficción con esos torpes esputos de supuesta realidad!”. Pero, claro, me lo callo.

Gracias por sus respuestas.  Todo un honor para nosotros y nuestros lectores. A continuación, y como tenemos costumbre, le propongo un juego de preguntas, nuestras preguntas ráfaga, que son de breve y rápida respuesta.

Libro digital ¿sí o no?

Complicado. Ya he leído por ahí que vaticinan “su muerte”…

¿Comida rápida o tradicional?

No soy “gourmet” ni “gourmand”. Paso.

¿Un superpoder? Y ¿por qué?

Supermemoria. ¡Me vendría tan bien!…

¿Qué se llevaría a una isla desierta?

No lo comenten… Tal vez un tomo de mis queridos “Cuentos de Brujas”.

¿Mate o chocolate?

Café con leche o té.

¿Lovecraft, Poe o King?

Ensalada. Todos valen. ¿Por qué prescindir de dos?

Cine 3D ¿sí o no?

Lo conocí en los 50s. Hay que tener ambos ojos en buenas condiciones; si no…

¿Cuál es el mejor libro que ha leído?

“Me tiran” varios… No quiero ser injusto.

Y ¿el peor?

Todavía no lo leí.

¿StarWars o StarTrek?

Hay un abismo tecnológico entre ambas. Pero cada cual tiene su encanto propio.

Si pudiera viajar en el tiempo, con la posibilidad de conocer a un personaje histórico, ¿a quién sería? y ¿qué le gustaría decirle?

Helena de Troya. Le diría: “¿Lo miraste bien a ese tal Paris?”…

Sobre el Entrevistado:

Carlos M. Federici (Montevideo, Uruguay, 1941)  escritor profesional desde 1961. CMF_2004Publicaciones en revistas nacionales, americanas y europeas. Traducido a varias lenguas. Participé en antologías internaciona­les y tengo 13 libros publicados, siendo alguno de estas segundas ediciones de distin­tas editoriales (9 títulos originales). Se me otorgaron diversos premios en certámenes nacionales e internacionales.

La orilla roja, 1972

Mi trabajo es el crimen, 1974

Avoir du chien et être au parfum, 1976

Dos caras para un crimen, 1982

Goddeu-$ – Los ejecutivos de Dios, 1989

Umbral de las tinieblas, 1990

El asesino no las quiere rubias, 1991

Cuentos policiales, 1993

El nexo de Maeterlinck, 1993

Llegar a Khordoora, 1994

Sobre la Entrevistadora:

Carmen Rosa Signes Urrea (Castellón de la Plana, España, 1963) Ceramista, Photo CRSUfotógrafa e ilustradora. Lleva escribiendo desde niña, tiene publicadas obras en páginas web, revistas digitales y blogs (Revista Red Ciencia Ficción, Axxón, NGC3660, Portal Cifi, Revista Digital miNatura, Breves no tan breves, Químicamente impuro, Ráfagas parpadeos, Letras para soñar, Predicado.com, La Gran Calabaza, Cuentanet, Blog Contemos cuentos, El libro de Monelle, 365 contes, etc.). Ha escrito bajo el seudónimo de Monelle. Actualmente gestiona varios blogs, dos de ellos relacionados con la Revista Digital miNatura que co-dirige con su esposo Ricardo Acevedo, publicación especializada en microcuento y cuento breve del género fantástico.

Ha sido finalista de algunos certámenes de relato breve y microcuento: las dos primeras ediciones del concurso anual Grupo Búho; en ambas ediciones del certamen de cuento fantástico Letras para soñar; I Certamen de relato corto de terror el niño cuadrado; Certamen Literatura móvil 2010, Revista Eñe. Ha ejercido de jurado en concursos tanto literarios como de cerámica, e impartiendo talleres de fotografía, cerámica y literarios.

Sobre la traductora:

Ana Beard (Reino Unido) ha trabajado en la traducción editorial, escritora de canciones y asistente personal. Se ha diplomado en traducción y vive en Londres.

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