“El inventor de sueños”: la pregunta por el ethos

Portada del cuentario “El inventor de sueños” del escritor ecuatoriano Galo Silva (con el seudónimo de Henry Bäx).

Henry Bäx es el seudónimo del escritor ecuatoriano Galo Silva, cultor de la ciencia ficción, particularmente en el campo del cuento. Dicho autor también ha escrito novela corta de ciencia ficción como El último Siloíta (2010); otros géneros que ha explorado son la novela policial, la de terror, la poesía, etc. En el contexto del cuento, comento a continuación su libro El inventor de sueños: relatos de ciencia ficción (Kinnor, 2011). Dicho libro está dirigido a público juvenil y sus temas son un desafío a pensar el futuro y sus quiebres, tal como postula la contratapa del volumen.

El inventor de sueños tiene cuatro cuentos, cada cual aleccionador. El primero es “El último viajero”. Es un cuento estructurado con base en una serie de registros de bitácora que hace el tripulante de una nave espacial humana que despega de Ganimedes rumbo a otra estación. De acuerdo al narrador, el mundo de la Tierra casi se ha extinguido y más bien se han formado colonias en diversos lugares del espacio exterior. El problema es que la misión de la que formaba parte, llevando medicinas para acabar con un virus en el lugar de destino, la colonia Edén 5 en Alpha Centauri, es atacada por el mismo virus que se ha filtrado y contaminado la atmósfera de la nave, diezmando a la tripulación. De ahí que el relato es una cadena de horrores, pues al estar la atmósfera viciada, al principio no se sabe qué es lo causa el cambio de comportamiento de los tripulantes quienes llegan hasta el canibalismo.

Sin embargo, aun cuando prevalece un estado de incertidumbre que es narrado y escrito en la bitácora, lo que el cuento transmite es una sensación de soledad e impotencia dentro de la nave. Y es ahí donde el autor trata de hacer reflexiones morales acerca de la condición humana. Pues, ante las conquistas espaciales, ante la construcción de máquinas que pueden navegar entre galaxias, ante el desarrollo a veces soberbio del ser humano, expandiéndose a todo lugar, es la mirada de impotencia, de insignificancia del narrador ante el universo, ese que, según este, está allá majestuoso y frío, el cual le/nos hace sentir como un grano de arena dentro del extenso e infinito espacio del cual ignoramos muchos de sus secretos. Uno de ellos, y esa es la paradoja el cuento, es precisamente el virus que está presentado en el cuento como la dimensión de “ellos” quienes van reclamando las vidas de los otros (nosotros como seres humanos) para su supervivencia. De este modo, nos damos cuenta que el virus, en un momento, ya no contamina y transforma los cuerpos, sino también a la propia nave, a la computadora que la gobierna, apoderándose de ella y revirtiendo el camino trazado para liquidar a esos otros seres humanos que se han asentado en lunas y planetas: una especie de recuperación del espacio por parte de esas otras entidades invisibles e inmateriales.

El segundo cuento es “Adán XI”. Este es acerca de un androide con un cerebro positrónico programado según las tres leyes de la robótica de Asimov. De hecho, el cuento narra el modo de cómo funcionan dichas tres leyes en conjunto y su activación en momentos de conflicto y discrepancia. Estamos en un mundo futurista dividido en dos escenarios, uno que está semidestruido, empobrecido, cuasiapocalíptico y, el otro, uno urbano ultramoderno; en todo caso, puesto que las condiciones de vida en la Tierra se han deteriorado, el narrador nos hace saber que el gobierno del mundo se ha trasladado a Marte y, además, hay colonias subterráneas en la Luna: el mundo mejor parece desarrollarse fuera de la Tierra. El androide Adán XI, como todos los que se fabrican, según el narrador omnisciente, sirven para entretener. Entonces tal generación de androides está diseñada para el boxeo, deporte que ha sido prohibido entre humanos y reemplazado por dichas máquinas. De este modo, estas pueden golpearse y malograrse para deleite de una población, sobre todo de individuos pauperizados en los márgenes de la ciudad. ¿No es acaso el retrato de una forma de dominio de la fuerza empobrecida para que esta siga siendo combustible para el mundo ultramoderno?

Si bien uno es el espacio de la violencia normalizada, que es la que pone las condiciones para valorar el peso de las leyes de la robótica de Asimov, otro es la violencia y la vivencia dentro de ese mundo pauperizado. El androide además piensa y razona; sabe de sus condiciones y sus límites. El cuentista nos muestra la dimensión, digamos, “humana” de este androide: las posibilidades son evitar el daño al semejante o que este sea violentado; la obediencia al ser humano, aunque, si se presentara el caso, razonar la discrepancia con el principio para evitar que algún otro violente a quien es “dueño” de ese androide; la autoprotección sin que se pueda dejar de lado los otros principios. Grosso modo estas serían las leyes de Asimov y que el narrador las va demostrando en el desarrollo “psicológico” del androide mientras conoce el mundo exterior fuera del cuadrilátero.

Y acá hay algo que me parece interesante en el trabajo de Bäx-Silva: porque va haciéndonos reflexionar desde una dimensión humanista el mundo de contradicciones en el que el androide se desempeña y aprende. Es una especie de cuento de aprendizaje. El androide se pregunta por qué han sido diseñados así, por qué su tarea es solo entretener y hacerse daño; es decir, interpela a ese orden de la violencia establecida y normada, es decir, el mundo de la fábrica. Cuando conoce a una niña que busca a su padre, en ese otro mundo degradado por el consumismo maquínico, gracias a ella es que comprende las posibilidades y los límites que tiene y a los que está expuesto. La tarea, por lo tanto, es salvarla, pero ello implica una renuncia que entra en el orden ético y moral: su sacrificio es ante todo para proteger al desamparado, aunque de tal sacrificio los especuladores, los oportunistas, los ladrones, es decir, ese otro lado de la violencia de ese mundo pauperizado, se beneficien. Pienso que este cuento es uno de los más logrados en su contenido y su propuesta estético-discursiva.

El escritor Galo Silva (Henry Bäx), autor de “El inventor de sueños”.

El tercer cuento da título al libro: “El inventor de sueño”. Pues bien, este es sobre un viajero en el tiempo. Es sobre un inventor del futuro 3120 que viene escapando de una especie de policía de la Confederación Unida Solar, es decir, el sistema solar y galáctico que gobierna a la humanidad. Este inventor huye por cuestiones éticas y morales: en el futuro la humanidad se ha vuelto cruel y domina a sus semejantes y otros con máquinas mortales. El inventor toma varios nombres cuando se ubica en un tiempo específico. Estamos, de este modo, en el 1912, en Francia, año y país donde vive en aparente tranquilidad desarrollando más inventos que, para los vecinos son extravagancias. De hecho, lo consideran un “loco” porque le temen, o porque no saben qué hace exactamente. Sabemos, por boca de él mismo, que en el futuro los seres humanos han sido capaces de extender sus vidas gracias al desarrollo de la biorobótica. Por lo tanto, él puede viajar durante 300 años de su propia existencia y ha sido testigo de muchos momentos de la humanidad en tiempo pasado hasta ese 1912.

La idea del viaje en el tiempo es un tema típico en la ciencia ficción. En este caso es el viaje hacia atrás en el tiempo y para el personaje se trata de un “escape hacia atrás”, hacia la historia. Su encuentro con un niño curioso, ya que él se interna en su casa, nos hace conocer de sus intenciones más bien “buenas”, frente a sus perseguidores que quieren encontrarle para que siga desarrollando más máquinas que son empleadas para el “mal”.

El tema fundamental de este cuento es el uso social y político de las tecnologías. La paradoja está en que el inventor diseña y arma máquinas o dispositivos como productos de sueños (he ahí el denominativo del cuento); es decir, lo que construye implica ideales, posibilidades, utopías; el uso que hace de las máquinas de sueños la sociedad, el poder supone, a su vez, mortandad, trampas, distopías. El niño con quien se encuentra el inventor le pide una máquina de sueños, él le diseña un automóvil futurista; entonces, lo que muestra el cuento es que la creatividad, la vida ética crea mundos de posibles de ensueños. Puesto que sus perseguidores no comprenden eso, el inventor debe seguir escapando. Así, su nuevo destino es otro pasado, el 1452 y ahora convertirse, ser, tomar el nombre de Leonardo da Vinci. Interesante la idea que Bäx-Silva nos transmite: el inventor y soñador de nuevos rumbos en realidad venía del futuro.

El último cuento de El inventor de sueños es “El líder”. Este enmascara a otro cuento (“historia B” de pronto emerge sobre la “historia A”).

En principio leemos acerca de un parto en la mitad de la noche, en el interior de un hogar campesino; los nombres de los padres tienen ese aire de algo tradicional, como si se tratara de un entorno familiar. Empero, el primer rasgo que denota que estamos en un mundo distinto es el hecho que “los robots de asistencia doméstica” están apagados; ahí constatamos que tal mundo, ese del cotidiano, es el de un futuro próximo. Luego se establece una escisión en el cuento cuando aparecen alienígenas; hay una especie de abducción y se narra el implante de alguna tecnología en la cabeza del niño recién nacido. La posterior historia es la del niño que crece y se vuelve en un ser carismático hasta llegar a ser el líder del planeta Tierra.

Por lo menos la “historia A” aparece así. Bäx nos pone en dos escenarios. El uno referente a un mundo rural donde las apariciones de naves extraterrestres podrían ser más frecuenten, al amparo de la noche, y donde los campesinos son objeto de abducciones e intervenciones quirúrgicas por seres de otros mundos. Este escenario es conocido en toda esa otra producción mediática sobre contactos extraterrestres, sobre especulaciones de encuentros con seres de otros mundos, sobre narraciones de campesinos contactados. Si no fuera por la manera de plantear el escenario, por lo menos en el primer párrafo del cuento, este podría ser fácilmente calificado de obvio. Pero el otro escenario, el segundo, tiene que ver con cómo esos personajes, un tanto anodinos, particularmente el niño, luego tendrán un protagonismo en la transformación política de la Tierra. Se trata de un niño que consigue emerger hasta transformarse en líder mundial, siendo inventor y pacificador.

Este segundo escenario plantea lo que es el gobierno dentro de una utopía posible. Estamos hacia 2125, luego de una catástrofe ecológica, social, económica y política. Ese niño ya crecido, Gabriel Damián (los nombres quizá, intencionadamente quieran tener algún significado), se hará cargo de lograr un equilibrio planetario. El autor recalca que emerge de una cuna humilde, que estudia en la supuesta Universidad General Unida del Mundo y a sus 18 años establece un nuevo orden mundial. En principio, la utopía de Bäx es la de un lugar donde se destierran las armas y los ejércitos, donde prevalece el conocimiento en bien de la humanidad, donde hay explotación de los recursos naturales y alimentarios con inteligencia y control, donde hay investigación científica. La utopía, en este contexto, no es la isla, es el mundo mismo, es la Tierra que recobra su atmósfera azul, hecho que promueve la vida plena y en paz. Es la utopía que podría estar tras alguna sanación ecológica. Veamos: unos seres extraterrestres implantan en Gabriel Damián algo, este crece y luego gobierna el mundo, resolviéndose los conflictos internacionales. Entonces, la utopía vendría a leerse como el lugar ideal que se da gracias a todo este proceso, llamémosle, intervencionista de alienígenas.

Pero acá aparece la “historia B”. Y se da en el cuento con la referencia al año 2195, tras sesenta años de un gobierno utópico. Pues los alienígenas van a retornar, van a servirse de ese gobierno utópico (vía activar el implante en la cabeza de Gabriel Damián) para establecer ahora un gobierno tiránico, de dominación completa. La pregunta de qué pasaría si detrás de todo líder, quien en principio se muestra como paternal, como pacifista, etc., hay un gobierno tiránico, está en el seno de este cuento. En otras palabras, la utopía conlleva su propia condena: pues alcanzar todo lo ideal implica que luego se establezca un nuevo régimen contrario, pues el bienestar, según esta tesis, es el lugar para que luego se instale un orden nuevo: la humanidad, una vez cebada, una vez domesticada, es posible dominarla con más efectividad. Así, una utopía no es más que el espacio de ensayo de la dominación. Desde este punto de vista, “El líder” termina transformándose en una anti-utopía. He aquí la representación de un mundo que tiene un reverso, como el de una moneda, donde la siembra auspiciosa implica la llegada de un radicalismo de determinada invasión extraterrestre. Lo que venga de afuera, aunque pueda ser considerado como algo benigno, en sí mismo puede conllevar algo de malignidad. Hay acá una lectura política de la realidad que es interesante prestar atención.

En síntesis, tal como he ido anotando en este artículo, El inventor de sueños de Henry Bäx (Galo Silva) es un libro con inquietudes aleccionadoras. En todas ellas prevalece el orden humano, sus límites y sus posibilidades, sus avances y lo que pone en riesgo, lo que lo enaltece, pero también lo que lo destruye como especie. Y como algo fundamental del libro es justamente el orden ético y su dimensión moral. La gran pregunta que parece plantearnos Bäx-Silva es el ethos, es por el camino que elige el ser humano, si bien racionalmente, también irracionalmente.

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