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Blogger invitado: Un viaje al cosmos profundo Por Cristián Londoño Proaño

Hay un hecho cierto, la ciencia ficción latinoamericana ya no se restringe a una ciudad, a un país, a veces, ni siquiera al planeta Tierra. Esto nos lo demuestra la lectura del libro «Viaje al Universo Vecino» del escritor colombiano Antonio Mora Vélez. Los contextos son diversos, desde el espacio hasta una ciudad de Estados Unidos. El libro se publicó en el 2016. Es un conjunto de relatos: una novela corta y varios cuentos.
Antonio Mora Vélez es un escritor que nació en 1942 en Barranquilla, Colombia. Ha publicado algunos libros, entre ellos, Glitza, El juicio de los dioses, Lorna es una mujer y La Duda de un Ángel. Es uno de los importantes narradores y poetas colombianos de ciencia ficción.
El primer relato es la novela corta “Viaje al Universo Vecino” que narra las aventuras espaciales de la nave Alondra y sus tripulantes Tubal y Estíbaliz, en su recorrido por el universo profundo, que quiere descubrir el posible límite final del universo que lo conocemos, y de hecho, lo logra, en un final de naturaleza cuántica. Asimov sostuvo que la ciencia ficción es una literatura de aventuras en sociedades distintas y muchas veces, en el espacio. Mora Vélez lo cumple impecablemente. Su novela corta es una aventura en el descubrimiento del espacio. Un espacio lleno de galaxias lejanas, que tiene restaurantes, que nos hace acuerdo de Douglas Adams. Incluso, advierte de los problemas que el caribe colombiano sufrirá con el cambio climático. Es decir, estamos en una novela que tiene varios matices.
“Viaje al Universo Vecino” es una historia que me hizo recordar al viejo film «Star Trek V: la última frontera», dirigido por William Shatner, donde Sybok, hermanastro de Spock, emprende un viaje para descubrir a Dios, en el límite final del universo conocido. Pero esto solo es un referente, no marca la novela ni sigue su línea argumental. Más bien, Mora Vélez se atreve a entregarnos un retrato filosófico científico del límite de nuestro universo y nos dibuja el otro universo con leyes cuánticas.
En «Viaje al Universo Vecino» asistimos a un despliegue de literatura de ciencia ficción con una sólida base científica y de referencias literarias. Cada hecho que narra el autor se sostiene por un acopio de referentes científicos que le permiten hacer aproximaciones teóricas que enriquecen al texto. Hay referencias literarias a los escritores célebres de la ciencia ficción como Ray Bradbury. Incluso se atreve a interpelar el status quo, en la página 16 escribe: «Todo fueron especulaciones porque no hubo una prueba concluyente del fraude, aunque siempre quedó la duda de por qué no se produjo otro alunizaje con seres humanos desde 1972 hasta el 2030, cuando nuestros astronautas suramericanos descubrieron las ruinas de una estación interestelar que no era terrícola». Párrafo que sentencia la falta de pruebas ciertas en el alunizaje terrestre, y hace un guiño a la carrera espacial Suramericana.
Por otro lado, los cuentos de Mora Vélez transcurren no sólo en su caribe colombiano, sino lejos de su país natal, en cualquier parte del mundo. Los cuentos que prosiguen a la novela corta, son cuentos de ciencia ficción que tienen hondas connotaciones tecnológicas. Cumple perfectamente, otro de los enunciados de Asimov, la ciencia ficción sirve para cuestionar la tecnología y su impacto en las sociedades. En cada cuento se cuestiona la inserción de la tecnología y sus consecuencias. Aunque no son consecuencias nefastas, sino más bien en el uso de la tecnología y su incidencia en la vida cotidiana. Por ejemplo, en «La Gota» narra la historia de una gota del espacio que muchos científicos intenta descubrir su naturaleza, hasta que se descubre que es un mensaje extraterrestre. O el cuento «El 603286» que es un aparato que sirve para predecir el futuro, pero la ambición humana sobrepasa la lógica convencional y hace que no se tomen en cuenta las infinitas posibilidades del futuro y se termina atrapado en una trampa macabra.
La novela corta «Viaje al Universo Vecino« está escrita con ritmo sostenido, donde se perfilan imágenes refrescantes del universo. La prosa se entremezcla de una manera interesante con la poesía. Hay auto-referencias a su propia obra poética. Se atisba que el autor domina las dos artes y se perfilan interesantes metáforas. Por ejemplo, en la página 5 escribe: «El universo es como una partida de ajedrez (…). Hay que estar atento a todas las jugadas si quieres mantener a tu rey con vida».
En cambio, en los cuentos que prosiguen, tienen un lenguaje directo y se maneja adecuadamente la tensión dramática. Hay finales anecdóticos y otros irónicos.
Esta libro «Viaje al universo vecino» es un fresco literario de la ciencia ficción latinoamericana. Evidencia que en la región hay propuestas que son dignas de relevarse y merecen un espacio propio. Por algo, Antonio Mora Vélez es considerado el «padre de la ciencia ficción colombiana».

 

Sobre el autor: Antonio Mora Vélez es ampliamente conocido como escritor de ciencia ficción en su país. En reconocimiento a su labor literaria el diario El MERIDIANO de Montería lo escogió como uno de los personajes del siglo XX en el departamento de Córdoba y “The Internacional Writers and Artists Association” con sede en Bluffton, Ohio, USA, le otorgó un pergamino por su contribución al humanismo desde la literatura. Ha ganado varios premios de literatura y su nombre figura en “The Encyclopedia of Science Fiction” de John Clute y Peter Nicholls (New York, 1995, página 696). Sus cuentos y poemas han sido traducidos y publicados en revistas impresas y electrónicas y en suplementos literarios, nacionales y del exterior.

 

Cristián Londoño Proaño, autor de Underbreak (2015).

Sobre el blogger invitado: Cristian Londoño Proaño (Quito, 1973). Escritor, guionista, productor y realizador audiovisual, y editor y director de la revista digital Teoría Ómicron”. Master en guión y desarrollo audiovisual y candidato a PhD. en Comunicación. Inventó y desarrolló el concepto de la novela de fantasía andina. Ha obtenido varios premios y reconocimientos: I premio Bienal de joven poesía, I premio del festival de poesía de la Municipalidad de Guayaquil y Beca del Ministerio de Cultura del Ecuador.

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